Muchas provincias y municipios se financiaron en el circuito informal para sostener la burbuja inmobiliaria y evitar la desaceleración económica
Confucio solía decir que algún dinero evita preocupaciones; mucho, las atrae. Y algo de esto es lo que está viviendo el gobierno del presidente chino Xi Jinping, preocupado por la magnitud de la deuda pública de las provincias y municipios, porque hasta la fecha no se la conoce con exactitud pero se teme que sea exorbitante.
El descontrol de las cuentas públicas es tan grande en el interior del país que, en los últimos días, el Tribunal de Cuentas anunció la realización de una auditoría urgente de todos los gobiernos (provinciales y municipales) para conocer la real situación de sus finanzas. Conforme a un reciente pedido del Consejo de Estado, la Oficina Nacional de Auditorías organizará en todo el país un relevamiento de la deuda pública, afirmó en un comunicado el organismo que dirige el Primer Ministro Li Keqiang.
Y a principios de julio, el viceministro de Economía Zhu Guangyao reconoció que no sabía el monto preciso de dichas deudas.
Este es el riesgo oculto de la economía china que, a pesar de haber moderado el crecimiento del PBI (los dos dígitos históricos bajaron al 7,5% anual), podría tener pies de barro si se confirma que la deuda pública local es demasiado elevada.
De acuerdo con lo publicado por El Diario del Pueblo, el Tribunal de Cuentas suspendió los demás proyectos que tenía en carpeta para concentrarse en esta auditoría urgente, para lo cual estaría enviando al interior de China a miles de inspectores para poner al día los números.
Un peligro conocido
Las advertencias sobre el riesgo de la deuda local no son nuevas. En marzo pasado, el banco Nomura advertía sobre una crisis financiera. Y en abril, la calificadora Fitch rebajaba la nota de la deuda en moneda local por la explosión del crédito.
Hace dos meses atrás, la compañía de servicios financieros CSLA presentó un preocupante informe sobre el nivel de endeudamiento: considera que la economía china está drogada por la deuda, como lo demuestra el hecho de que el nivel de préstamos creció un 58% durante el primer trimestre de 2013. Las causas de esta explosión crediticia habría que buscarlas en el plan de reactivación económica lanzado en 2008 para evitar el contagio de la crisis subprime, que hizo que el total de la deuda se duplicara en los últimos cuatro años. Y que el monto total del endeudamiento público (principalmente gobiernos locales) y privado en China superara el 200% del PBI.
Si se toma en términos relativos, esta proporción no sería demasiado alarmante, frente al nivel del endeudamiento de EE.UU. y Francia (superior al 250% del PBI), del Reino Unido (300%) o de Japón (400% del producto), donde sí preocupa realmente. Pero según el CSLA, el problema para China es que todavía no se trata de un país desarrollado, por lo que el sector público tiene que seguir invirtiendo masivamente en la economía y no se puede dar el lujo de aplicar un ajuste. Pero si se compara con la deuda de otros grandes emergentes (como los demás miembros del BRIC: Brasil, Rusia e India), China los supera ampliamente.
En desaceleración
La estructura fiscal de China también es responsable de lo que está sucediendo. Porque la mitad de la recaudación de impuestos que realizan las provincias y municipios va a parar al gobierno central, lo que reduce significativamente la posibilidad de financiamiento genuino.
Frente a una economía que comenzó a desacelerarse a partir de la crisis financiera, la solución fue financiarse fuertemente para impulsar el desarrollo de proyectos de infraestructura que muchas veces no eran necesarios o no alcanzaban la rentabilidad suficiente (para muchos municipios, la venta de terrenos fiscales y de permisos de construcción se convirtió en la mayor fuente de ingresos; según la agencia Xinhua, la cantidad de terrenos puestos a disposición de los desarrolladores inmobiliarios creció un 39% en un año). Es así que el gobierno central acaba de suspender la construcción del rascacielos más alto del mundo en la provincia de Hunan (sur de China), una región de las menos desarrolladas del país.
El problema es más grave aún, ya que muchas veces el financiamiento público se hizo en el circuito informal. Como los bancos recibieron la orden de reducir sus líneas crediticias para evitar que creciera la proporción de incobrables, los municipios y provincias recurrieron a préstamos informales (shadow banking) a tasas usurarias, lo que dervia en un círculo vicioso y la incapacidad de pago.
El FMI acaba de alertar sobre este riesgo (esto plantea problemas en materia de calidad de los créditos y de la gestión de la liquidez, sostuvo Markus Rodlauer, jefe de la misión del Fondo para China) y la reciente quiebra de Detroit también puso los pelos de punta al gobierno del Presidente Xi. Por eso la decisión de auditar todas las cuentas locales con urgencia, para intervenir los gobiernos más ineficientes y rescatar a los que se encuentren en riesgo de default. Como también dijo Confucio, si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes.
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